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Viaje a San Agustín 2026. Equinoccio de septiembre, por un Bio - equilibrio relacional.

Viajar para vivir, para morir y renacer en consciencia.

 


Hace 20 años visité por primera vez el territorio sagrado de san Agustín – Huila, dos años después volvería, de ese momento es la primera foto.


No hacía mucho había regresado de España y deseaba reconectar con un nuevo ciclo vital en mi país, renovar mis votos con mi raíz, luego de haber estado dos años por fuera y, sin pensarlo mucho dije: ¡Quiero ir a San Agustín! algo en mi desde muy niña, en el colegio, me había dicho que debía ir a ese lugar y sentí que ese era el momento.

 

Hoy, puedo decir que San Agustín me ha visto crecer y que he nacido, muerto y renacido a través de él, que me he transformado al compás de ese latido de encuentros con un lugar del cual emana una frecuencia viva, una memoria ancestral asociada al rito consciente de la muerte como un rito de paso y regeneración, no como un final absoluto. Y esto para mí es una tecnología ancestral a cuidar, con la que hemos de ingeniarnos cómo reconectar.

 

¿Cómo hacerlo? Desde mi lugar como terapeuta, como acompañante de caminos, como viajera, siento que la forma es a través de un viaje ritual, un viaje que se vive no sólo afuera, sino también adentro.

 

No hablo de develar el misterio arqueológico ni antropológico de una cultura tejido y portal entre muchas civilizaciones, ni desentramar su origen ni una causa clara de su desaparición. Hablo de entrar con respeto a un territorio con vestigios culturales y artísticos diversos, con huellas simbólicas que vinculan tanto al sur como al norte de nuestra América, narrados a través del portento de su escultura en piedra.

 

Hablo de atender un llamado profundo a conectar, honrar, cuidar desde la presencia, desde la interacción respetuosa y consciente, esos portales de información que viven en el cuerpo planetario tanto como en nosotros.

 

CADA VIAJE A SAN AGUSTÍN MARCA UNA PAUTA DE INTEGRACIÓN REGENERATIVA EN EL SINO VITAL.


Hoy, cuando me preparo para regresar por sexta vez en mi vida a este territorio, sólo puedo asegurar que es así: ¡SAN AGUSTIN, marca una pauta de integración regenerativa en el sino vital!

 

Y esto es muy importante en un año de giro evolutivo, como lo es este 2026, cuando hemos sentido que dejamos atrás un viejo cascarón pero que aún no sabemos muy bien si el siguiente paso es certero.

 

En los umbrales de cambio, requerimos sostén y este es un territorio que suele darlo con generosidad y que, con la misma generosidad merece que le devolvamos honra y cuido.

 

¿Te debates aún entre una forma de servicio antigua y otra que quiere nacer?


¿Sientes que es necesario una reinvención de las formas de administración de tu energía vital, tus recursos, tu energía sexual y creadora?


¿Aún tambalean tus decisiones afectivas y de pareja entre el territorio de las lealtades automáticas y, ese llamado interior de cambio y maduración que tu alma pide?


¿La ambivalencia se ha vuelto el mecanismo de expresión del miedo a la Muerte y a la transformación en tu vida?

 

Casi sin proponérnoslo y también con plena intención, viajar con propósito y en conexión con el latido de la tierra a sus portales, propicia estos movimientos orgánicos de enraizamiento y transformación, especialmente si el viaje es a un territorio que contiene esta impronta energética.

 

San Agustín, es la necrópolis (santuario y ciudad para los muertos) más grande de la que se tenga conocimiento, lugar de partería, cuna de saberes frente al rito del nacimiento en el agua, centro ceremonial para la vida, la fertilidad y el gozo, así como para la muerte, el duelo y la transmutación, es quizá por esto, patrimonio arqueológico de la humanidad declarado por la UNESCO en 1995.



¿Cómo ha sido para mí hacer cuerpo esa pauta regenerativa de vida /muerte/vida a través de visitar este territorio?

 

Del pasado solsticio de verano del 2024, cuando fue la última vez que estuvimos allí y la primera vez liderando la experiencia desde Anahat, son varios los compases de cambio que este generoso portal de la Tierra me ha ayudado a afianzar, a madurar, a sanar:


  • Pude cerrar un ciclo de más de 19 años de enseñanza en el Reiki, despedirme con amor de la identidad de la profesora de Reiki y la terapeuta tradicional de asistencia en camilla. No fue fácil, esto fue todo un proceso de transformación identitaria. Algo que ha tocado todos mis sustratos de vida, espiritual y material, también relacional.  Una reelaboración total de mi energía vital y creadora y de mi servicio. Ahora el REIKI me sigue acompañando como una fuente transversal de creación y vida que sostiene mi ofrenda de otra manera, sutil y vibrante.

 

  • Pasar de ser una estudiante amateur de astrología, que durante casi 6 años ha estado conectando el lenguaje de los ciclos a su propuesta de servicio terapéutico, a estar próxima a finalizar mi formación como astróloga, iniciando ya mi oferta de servicio de acompañamiento individual en la lectura de la carta natal.

 

  • Pude acompañar por primera vez en la muerte a un ser amado, que durante 7 años nos ofreció la maestría de una vida conectada al instinto y al Amor, Sasha, mi primer amor perruno, mi amada compañera y guardiana indeleble. Y confirmar que es posible morir en consciencia y sin interferencias, honrando el destino y la voluntad del otro. Que la hoz de la muerte no sólo sega, también cosecha entendimiento y Amor profundo.

 

  • Amar y honrar a nuestros padres en los tiempos de reto, en la enfermedad y en la vejez, ese tiempo sacro que cada uno ha creado vivir de distintas maneras, y a las que sólo podemos acompañar con humildad, sin desdibujar el orden del Amor en ese vínculo y relación.

 

  • Consolidar una vida en pareja con el tiempo y a través de él, que se renueva y enriquece ciclo a ciclo.


  • Avanzar en la emancipación de mi energía de patrones relacionales inmersos en dinámicas familiares que dificultaban la expresión auténtica de mi VOZ.

 

¡Claramente, nada de esto lo hizo San Agustín por sí solo, ni el santo ni el territorio! 



Lo he construido y co-creado y, también, he reconocido que de ese lugar - portal emana una información que renueva, restaura y ordena, cuando estamos genuinamente dispuestos a escuchar, a cambiar y ordenar. Es decir, SAN AGUSTÍN – HUILA, es un impulso de transformación en el espejo que es la tierra, y por esto, es un lugar a cuidar.

 

Es por esto que viajar a este territorio, con ANAHAT, la voz del vínculo, no es una excursión turística, es un viaje interno, cuyos frutos de entendimiento y renovación, siempre se entregan a la vuelta, al retorno, en el ciclo sagrado de cada corazón. Pues todo viaje consciente, entrega sus mejores y más auténticos regalos, al regreso.

 

Este 2026, este territorio nos ha vuelto a llamar, estaremos allí del 21 al 27 de septiembre. Lo haremos en conexión con la fuerza de ajuste, integración y cosecha que nos propone el Equinoccio de Septiembre, un momento astrológico privilegiado para revisar nuestros pactos de relación, reconocer aquellas formas aprendidas al momento de vincularnos que están muriendo y regenerándose, mutando los esquemas de relación con otros y con nosotras mismas.


 

Así, nos aventuraremos una vez más con un grupo de seres maravillosos, nos disponemos a entrar con amor y reverencia a esta puerta de vida, umbral de la riqueza orográfica de nuestro país, seno de agua que abrió desde tiempos inmemoriales un camino de ida y vuelta con la sabiduría de los pueblos del Amazonas.

 

Sólo tenemos 12 cupos disponibles en esta oportunidad para quienes sientan vivir un viaje ritual que nos invita a la introspección y también al gozo, a redescubrirnos desde la raíz del agua y la piedra que canta, en un territorio que también requiere, como la tierra entera, corazones dispuestos a dar, no sólo a recibir.

 

Ana Lucía

@anahat_lavozdelvinculo

Para más información te invito a ver el video a continuación o dando clic en este enlace: www.anahat-lavozdelvinculo. co



 
 
 

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